sábado 27 de junio de 2009

"PALABRAS CLAVES"

En el zen la palabra clave es, ‘atención’.

En el sufismo la palabra clave es, ‘de corazón’.

Recuerda esto; te aclarará en donde difieren.

El zen está en contra de la mente, pero va más allá de la mente a través de la mente.

El sufismo no está en contra de la mente, al sufismo la mente le es completamente indiferente.

El sufismo está enfocado en el corazón; simplemente no se preocupa de la mente.

Es de corazón.

Sí, al sufí también le ocurre un cierto tipo de despertar.

Si llamamos a un despertar en el zen satori, despertar de la mente, entonces tendremos que acuñar un termino para el despertar sufí: ‘despertar del corazón’.

El camino del sufí es el camino del amante.

El camino del zen es el camino del guerrero, del samurai.

Y por esta diferencia básica en la perspectiva... Ambas usan cuentos.

El zen utiliza los cuentos y el sufismo también utiliza los cuentos, pero sus cuentos tienen un sabor diferente, un tono diferente.

El cuento zen es absurdo, es un acertijo, y un acertijo que no puede ser resuelto. Puedes intentarlo, pero nunca serás capaz de resolverlo.

Esa insolubilidad es intrínseca; es intrínseca al cuento zen.

Tiene que ser absurdo porque es un truco para destruir tu mente, para hacer temblar tu mente.

Es una espada..., para matar tu mente. Casi te vuelve loco, porque parece que no tiente ninguna solución y tienes que seguir meditando sobre esta la historia.

Es un truco para meditar.

La mente da muchas soluciones, pero todas las soluciones son rechazadas por el Maestro.

El discípulo llega, día tras día, con nuevas soluciones, y el Maestro sigue gritándole: “¡Esto es un disparate! ¡Continua buscando!”

A veces pasan meses, a veces años, y entonces llega el momento en el que el discípulo ve que no hay solución. Y ten en cuenta, si simplemente crees que no hay solución entonces no has entendido la cuestión.

Te has dado cuenta de que no existe una solución. En ese estado de no solución, de no conclusión, sucede una transcendencia, un salto, un salto cuántico, has ido más allá de la mente a través de la mente.

El cuento zen funciona como una espada que corta el nudo de la mente.

El cuento sufí no es un acertijo, es una parábola. No es una conmoción, no es una espada; es persuasión, es seducción.

Es el camino del amante. Es suave, delicado y femenino.

El zen es muy masculino, el sufismo es femenino.

La historia zen te vuelve loco: a través de la creación de un estado enloquecido de la mente te ayuda a ir más allá.

¡Te vuelve loco!

La historia sufí te intoxica poco a poco, pero inevitablemente. En la historia sufí hay poesía, hay un ritmo.

La historia sufí tiene que ser contemplada, no hay que meditar sobre ella. Sobre la historia zen hay que meditar.

La historia sufí tiene que ser embebida, saboreada como una taza de te, disfrutada en una actitud relajada.

La historia zen tiene que ser penetrada con una mente muy concentrada, con una actitud muy tensa, con intensidad. Tienes que enfocar todas tus energías en la historia. Tienes que olvidarte de todo el mundo; sólo existe ese cuento pequeño y absurdo.

Y sabes que no tiene solución, y aún así tienes que poner toda tu energía en él. Y mientras tanto sabes que esto es absurdo, no te va a conducir a ningún lado, pero el Maestro te dice: “¡Reflexiona! ¡Concéntrate! ¡Presta atención! ¡Fíjate en el acertijo del cuento!” El cuento sufí tiene que ser escuchado simplemente como un cuento. Los sufíes son grandes contadores de cuentos. Beben té o café, se sientan todos juntos en un lugar agradable, cálido.

Comienza el cuento, el Maestro cuenta el cuento.

Y el cuento sólo da vislumbres, pistas, pero muy potentes, muy penetrantes.

Todo lo que se requiere por parte del discípulo es que escuche, no atentamente sino con interés, con un corazón abierto, sin ninguna tensión.

Hay que disfrutar del cuento. Cuando lo disfrutas te revela sus misterios.

OSHO